1868 – 1870. Los primeros años


DE FANELLI A ANGIOLILLO


Giuseppe Fanelli

El anarquismo en el estado español del s.XIX

Por Francisco de Paula Fernández Gómez


1868  1870. Los primeros años


Fundación de la AIT: El 28 de septiembre de 1864, en una assemblea pública celebrada en Saint Martin's Hall de Londres (Inglaterra)

                En el verano de 1863, en el londinense Saint-James Hall, se reúnen asociaciones obreras de Francia e Inglaterra, junto a emigrados de diferentes estados, en un acto a favor de la independencia de Polonia. Este primer encuentro fue el germen para la creación de la Asociación Internacional de los Trabajadores un año después en Londres, La Internacional había nacido. En un inicio dentro de La Internacional coexistieron diferentes tendencias, desde el tradeunionismo reformista de Inglaterra, a posturas mazzinianas de los dos delegados italianos, pasando por otras posturas más socialistas y proudhonianas, principalmente por parte de los delegados franceses. Al poco de su fundación Marx entró en dicha organización, saliendo, en cierta manera, del olvido tras el Manifiesto Comunista. En los años 1866 (Ginebra) y 1867 (Lausana) se celebraron dos Congresos de la A.I.T, con resultados bastante pobres desde el punto de vista revolucionario, ya que sus resoluciones no abandonaban la línea reformista  posibilista.

                Las primeras referencias sobre la Internacional en el estado español no tardaron en llegar, aunque con escaso éxito. Aun así el semanario El Obrero pese al nombre no podemos considerarlo como una publicación 100% obrera- dirigido por Antonio Gusart se hizo eco de la fundación de la Internacional.

                En septiembre de 1868 se celebró el III Congreso de la AIT, mientras en el estado español se consumaba la sublevación de Cádiz que derrocaría al régimen Borbónico. En ese congreso podemos destacar la presencia de un delegado del estado español, Antonio Marsal, en representación de la Legión Ibérica,sociedad de tipo carbonaria constituida por Fernando Garrido, el cual posteriormente ayudaría a Fanelli a establecer contactos que originarían los primeros núcleos de la AIT en el estado. Al finalizar este congreso el 22 de Septiembre, en Berna, se celebró el segundo congreso de la Liga por la Paz, organización que intentaba evitar una guerra en Europa, la cual se palpaba en el ambiente. En ese congreso, al igual que en el primero celebrado en 1867, participó Mijail Bakunin, exponiendo sus ideas colectivistas. Las resoluciones presentadas por esta tendencia no fueron aprobadas, gracias a los votos de demócratas liberales y los marxistas alemanes. La minoría resultante se reunió en un Congreso para la creación de la Alianza de la Democracia Socialista. Sus estatutos, de corte colectivistas, se aprobaron, así como la adhesión de dicha organización a la AIT, centrándose en aspectos filosóficos y dejando a la AIT temas de carácter económico y social. También se resolvió el envío de la adhesión al Consejo General de Londres de dicha organización, a la par que se preparó el viaje a Fanelli al estado español para crear núcleos de la Internacional y de la Alianza de la Democracia Socialista.

                Tras la consumación de la Revolución de 1868, más conocida como la Gloriosa, se abrieron las expectativas de poder difundir las ideas de la AIT y de la Alianza de la Democracia Socialista, ya que la represión anterior disminuyó. Aun así, pese a la apertura del régimen español, en las elecciones de enero de 1869 la coalición unionista-progresista-demócrata resultó victoriosa, aunque la presencia de diputados republicanos federales fue importante (80 diputados), destacando también una treintena de carlistas, así como algún diputado monárquico alfonsino.

                Fanelli partió de Génova a finales de 1868 con destino a Barcelona, llegando a la ciudad a mediados de noviembre. Allí anteriormente la Alianza envió a Elías Reclus y a Aristide Rey en un viaje informativo, aunque al parecer estos dos enviados eran simpatizantes del republicanismo federal, haciendo que su viaje no se enmarcara del todo con el objetivo de la Alianza, que en muchos aspectos era contrario a ese tipo desimpatías con republicanos federales aunque el punto 4º de su programa puede dar lugar a equívocos, véase anexo 1-. Aun así, tras llegar a Barcelona, Fanelli estableció contacto con ellos dos, los cuales participaban en una gira de propaganda con diferentes elementos republicano-federales, destacando Fernando Garrido y José María Orense . Fanelli se sumó a la gira, pero la abandonó y se dirigió a Madrid, entrando en contacto con Guisasola, director de la publicación La Igualdad. Al parecer este contacto lo pudo tener gracias a Elías y Aristide, aunque también por parte de F. Garrido, o incluso por parte de Mazzini antes del viaje a España Fanelli le pidió ayuda para su labor-, el cual en la década de los 50 vivió en Madrid y contaba con algunos contactos. Sea como fuere, Guisasola le puso en contacto con el joven Julio RubauDonadeu, que a su vez le puso en contacto con un grupo de jóvenes obreros y artesanos del Fomento de las Artes de Madrid, los cuales tenían simpatías por las ideas proudhonianas que, entre otros, Pi i Maragall había introducido en España gracias a las traducciones de algunas obras de Proudhon. En ese núcleo destacaban personas como Tomás González Morago.

                Tras estos primeros contactos en Madrid se estableció una reunión en la casa de Donadeu. Según Anselmo Lorenzo, que por aquellas fechas residía en Madrid, (Fanelli) era éste un hombre como de cuarenta años, alto, de rostro grave y amable, barba negra y poblada, ojos grandes y expresivos (...). Su voz tenía timbre metálico y era susceptible de todas las inflexiones apropiadas a lo que expresaba, pasando rápidamente del acento de cólera y de la amenaza contra los explotadores y tiranos, para adoptar el del sufrimiento, lástima y consuelo, según hablaba de las penas del explotado, del que sin sufrirlas directamente las comprende o del que por un sentimiento altruista se complace en presentar un ideal ultra-revolucionario de paz y fraternidad. Lo raro del caso es que no sabía hablar español y hablando francés, que entendíamos a medias algunos de los presentes, o, en italiano, que sólo comprendimos un poco por analogía, quien más quien menos no sólo nos identificábamos con sus pensamientos, sino que a merced de su mímica expresiva llegamos todos a sentirnos poseídos del mayor entusiasmo (...). Tres o cuatro sesiones de propaganda nos dio Fanelli, alternadas con conversaciones particulares en paseos o en cafés (...). Nos dejó ejemplares de los Estatutos de la Internacional, Programa y Estatutos de la Alianza de la Democracia Socialista, reglamentos de algunas sociedades obreras suizas y algunos periódicos obreros, entre ellos unos del Kolokol con artículos de Bakunin (...).(1). Esta labor propagandística dio sus frutos, ya que se consiguió la creación de un primer núcleo de la AIT y de la Alianza, de hecho Fanelli lo mostraba casi como la misma cosa. Hemos de tener en cuenta que él es un enviado de la Alianza y que, durante su viaje, no sabía nada de la negativa del Consejo Federal de Londres en admitirla, cosa que llevó a la disolución pública de la Alianza y su posterior adhesión como secciones regulares de la AIT. En este primer núcleo destacaban los artesanos, aunque casi todos con simpatías o activismo en la órbita del republicanismo federal. El núcleo fundador se compuso de Ángel Cenegorta, sastre; Manuel Cano, pintor; Francisco Mora, zapatero; Marcelino López, zapatero; Antonio Cerrudo, dorador; Enrique Borrel, sastre; Anselmo Lorenzo, tipógrafo; José Adsuar, cordelero; Miguel Lángara, pintor; Quintín Rodríguez, pintor; Antonio Gimeno, equitador; Enrique Simancas, grabador; Ángel Mora, carpintero; Tomás Fernández, tipógrafo; Benito Rodríguez, pintor; Francisco Córdoba, periodista; Juan Jalvo, pintor; Tomás González Velasco, tipógrafo; Tomás González Morago, grabador; José Posyol, tipógrafo y Julio Rubau Donadeu, litógrafo. Este primer núcleo, por otro lado, creó tres comisiones para empezar a funcionar, formando parte de cada comisión 7 personas. Las comisiones eran la de administración, la de correspondencia y la de propaganda. Sin embargo hemos de tener en cuenta que la evolución de la sección de Madrid no fue muy estable, ya que habían muchas diferencias internas y la sombra del republicanismo era muy fuerte, provocando que muchos abandonaran la sección, quedando de una manera estable personalidades como Anselmo Lorenzo, Tomás González Morago y algunos jóvenes.




                Tras la creación de un núcleo en la capital del estado, Fanelli retornó a Barcelona en enero de 1869. Allá siguió el esquema de Madrid, entró en contacto con núcleos interesados en el tema y presentó los estatutos de la AIT y de la Alianza y fomentó la creación de un nuevo grupo en Barcelona. Personalidades que desde un inicio o poco después se interesaron el tema fueron José Luís Pellicer, Rafael Farga Pellicer,Vilardaga, Ramón Cortana, García Viñas, Gaspar Sentiñón, Trinidad Soriano, Antonio González Meneses, el abogado Rius, entre otros jóvenes. Hemos de destacar que antes de partir hacia Barcelona, Guisasola publicó en La Igualdad, el mensaje de la sección de Ginebra de 1868 (emitido el 26 de diciembre) sobre la nueva situación en el estado español. El grupo de Barcelona, a diferencia del madrileño, se compuso desde sus inicios de intelectuales más que de artesanos u obreros, ya que destacaban algún médico, un abogado, diferentes estudiantes, etc.

                En estos primeros meses de vida de las secciones de la Internacional debemos tener en cuenta que la mayor parte de sus miembros habían formado parte o aún formaban parte de los sectores más radicales del republicanismo federal y que la formación era aún muy precaria en cuanto a las nuevas ideas que trajoFanelli. Aun así el núcleo barcelonés al poco de comenzar sacó el periódico La Federación, el cual aún tenía ciertas rémoras pro-republicanistas. Poco a poco el crecimiento cuantitativo se fue produciendo, con adhesiones a los dos núcleos de la Internacional. Por ejemplo en el año 1869 el Centro Federal Andaluz de Sociedades Obreras se adhirió a la AIT, como esta fueron varias las adhesiones de sindicatos y asociaciones obreras durante estos primeros tiempos.

                Al parecer estos núcleos intentaron establecer contacto con el Consejo de Londres de la AIT, pero no recibieron respuestas por parte del mismo, sin embargo Bakunin mantenía correspondencia y contacto con los mismos, como lo demuestra la comunicación de la celebración del IV Congreso de la AIT en Basilea. Estos contactos directos de Bakunin se produjeron, al menos, con Rafael Farga Pellicer en Barcelona y RubauDonadeu en Madrid. Posteriormente el periódico La Federación lo comunicó públicamente (la celebración del Congreso de la AIT). A ese congreso fueron Rafael Farga Pellicer y Santiñón, ambos miembros del núcleo de Barcelona. En ese congreso se empezaron a palpar las diferencias internas ya existentes en la propia Internacional, aunque al final todo se resolvió con tranquilidad. A su regreso de Suiza los delegados se posicionaron de forma más decidida por las posiciones bakuninistas y asumieron que los ideales republicano-federales no debían de ser asumibles por los diferentes adheridos a la Internacional. IgualmenteLa Federación publicó las actas del Congreso para su difusión.

                La propaganda de estos núcleos fue en aumento, logrando rápidamente más de un centenar de secciones obreras, así como las primeras huelgas y presiones policiales a los núcleos favorables a la AIT. Pese al aislamiento de los dos núcleos iniciales, Madrid y Barcelona, la idea de celebrar un congreso cada día tomaba más fuerza, ya que se buscaba mayor consistencia y mejor coordinación entre los diferentes núcleos y secciones obreras adheridas. Hemos de tener en cuenta que dentro de los internacionalistas existían diferencias teóricas de criterio, pese a asumir todas ellas unos mismos estatutos (de los núcleos), y que algunas tácticas y aspiraciones eran bien distintas. Al final, tras diferentes debates se decide convocar un Congreso para el año 1870, que sirviese para establecer de manera más firme la Internacional en el estado español. Aun así los internacionalistas en estos años se fueron separando poco a poco del movimiento republicano-federal, que tras el desastre del intento insurreccional de octubre de 1869 empezaron a perder credibilidad entre los sectores más populares del estado español, provocando un alejamiento entre la AIT y los republicano-federales, tal y como se mencionaba en un artículo de La Federación del 12 de junio de 1870:Las clases trabajadoras y la política (...) Empezaremos por declarar que no estamos de acuerdo con lo que hicimos al comienzo de la Revolución de Septiembre de 1868. Hemos cometido un error y reconociéndolo hoy nuestra lealtad reclama que nos confesemos culpables porque lo fuimos (...). Estamos ya fatigados de ir de la república a la monarquía y de la monarquía a la república sin encontrar cambios sustanciales en nuestra condición obrera (...) Los pueblos se sublevan contra las medidas limitativas a la Libertad (se refiere a la insurrección republicano-federal de octubre de 1869) y gentes tales como Castelar, Figueras, Pi y Maragall, que son los miembros más avanzados en las Cortes, lejos de participar en el movimiento insurreccional, conminaron a los insurrectos a deponer las armas o ponerse al lado del gobierno so pretexto de la conveniencia de no suscitar trastornos (...).(2).De esta manera podemos apreciar como en estos primeros años el movimiento obrero más radical, que formó parte de la Internacional abandonó la alianza con los sectores republicanos federales para crear un movimiento propio, aunque aún los lazos con ellos no se rompieron de manera definitiva, cosa que se hará casi realidad tras la evolución política del régimen del 68 y el advenimiento de la 1ª República...

La Alianza de la Democracia Socialista

                El 2 de septiembre de 1867 se reunió el Primer Congreso de la Liga por la Paz y la Solidaridad (Liga de la Paz), con el objetivo de oponerse a una posible guerra en Europa, en especial entre Francia y Prusia. En ella predominaban demócratas, intelectuales y republicanos, aunque también asistieron diferentes internacionalistas tradeunionistas, el mismo Bakunin que ese año ingreso en la AIT, etc.-. En este Congreso, pese a resultar rechazadas sus propuestas, Mijail Bakunin obtuvo bastante reconocimiento por sus planteamientos en sus intervenciones. Al año siguiente, en el II Congreso de la Liga de la Paz, tras resultar nuevamente derrotados los planteamientos bakuninistas, la minoría de ese Congreso partidaria de las resoluciones bakuninistas se reunieron y decidieron crear la Alianza de la Democracia SocialistaLa minoría de La Liga de la Paz y de la Libertad, habiéndose separada de esta Liga, a consecuencia del voto de la mayoría del Congreso de Berna, que se ha pronunciado formalmente contra el principio fundamental de todas las Asociaciones Obreras: el de la igualdad económica y social de las clases e individuos(...) Varios miembros de esta minoría, perteneciente a diferentes naciones nos han propuesto organizar una nueva Alianza Internacional de la Democracia Socialista, integrada completamente en la gran Asociación Internacional de los Trabajadores, pero dándose por misión especial el estudio de las cuestiones políticas y filosóficas sobre la base misma de los principios de la igualdad universal y real de todos los seres humanos sobre la tierra(3) (ver anexo nº1 para su programa y su reglamento). Esta organización, años después, con las disputas en el seno de la AIT entre marxistas ybakuninistas, sería acusada de ser conspiradora y fuente de manipulaciones en el seno de la misma Internacional. La verdad, es que viendo sus reglamentos y su programa se puede apreciar que el objetivo deBakunin era crear una Asociación encargada de temas políticos y filosóficos, en cierta manera independiente, pero adherida a los principios de la Internacional, ya que consideraba esta más apta para temas económicos y sociales. Se podría decir que la Alianza bakuninista, en un principio, sería una especie de partido políticode corte colectivista. Sin embargo, poco después de su creación se decidió enviar la propuesta de adhesión al Consejo General de la AIT, el cual rechazó la adhesión de la Alianza, más concretamente, se rechazaron todos los artículos referentes a las relaciones con la AIT y el ser admitida como rama. Esta respuesta fue acogida de mala manera, a principios de febrero de 1869, por los aliancistas, algunos, tales como Becker propuso romper con la AIT, pero a propuesta de Bakunin y de Perron, se decidió disolver el Directorio Central y sus comités locales, para reorganizarse como secciones de la AIT. Esta decisión sí que fue aceptada por el Consejo General de la AIT. Cabe decir, de una forma bastante lógica, que los contactos entre los antiguos núcleos internacionales de la Alianza debieron de continuar existiendo, como lo demuestra la correspondencia existente entre los mismos, y que las secciones de la AIT fundadas por miembros de la Alianza seguirían estos postulados. Marx vio numerosos fantasmas en la Alianza bakuninista, aunque es posible que las diferentes secciones pro-bakuninistas tuviesen líneas de actuación similares, aunque nunca llegaron a dominar el Consejo General de Londres, cosa que Marx y Engels a base de manipulaciones y artimañas sí que lo hicieron.

                Sin embargo, hemos de tener en cuenta que cuando se fundó la Alianza, en el momento que se envió su adhesión a la AIT, Fanelli fue enviado a España para crear una sección de la Alianza a la par que una sección de la AIT. Los primeros núcleos, los de Madrid y Barcelona, eran al mismo tiempo secciones de la Alianza y secciones de la AIT. De nada se sabía que en ese momento la propuesta de la Alianza se rechazó en el Consejo General de la AIT, ni que la Alianza se disolvía en favor de reorganizarse como secciones de la Internacional Obrera. Esta confusión queda patente en la carta de Farga Pellicer, miembro de la sección de Barcelona, aBakunin en agosto de 1869: Ya he escrito a Rubau diciéndole que conteste a vuestra carta. En la sesión del domingo próximo comunicaré a mis amigos de l’Internationale (sección de Barcelona) vuestra carta y vuestro deseo que los más demócratas, socialistas y radicales formen parte de la Alianza. Por lo que a mí toca, acepto completamente todo lo consignado en el librito que me ha enviado(4). Esta carta ha suscitado diferentes debates, para algunos es una muestra de que la Alianza existía desde que se creó la Internacional en España, para otros es producto del confusionismo creado por Fanelli al hablar indistintamente de la Alianza y de la AIT. Personalmente pienso que desde que existe la Internacional en el estado español también existió la Alianza bakuninista, de hecho, el propio programa del núcleo madrileño era el mismo que el de la Alianza, sin embargo en estos primeros años existía, sin duda, cierto confusionismo entorno a la misma y sus funciones (también sobre la propia AIT). No podemos afirmar que en esos momentos la Alianza en España fuera una organización definida ni con unos objetivos claros. Es cierto que los contactos entre los aliancistas del estado español con Bakunin eran reales y estables, incluso que las ideas bakuninistas, gracias a ese contacto directo, fueran las primeras en llegar al estado, pero no podemos afirmar que en el año 1869, ya disuelta oficialmente, la Alianza bakuninista fuese una organización conspiratoria. Lo que sí que podemos afirmar es que los lazos de afinidad existieron durante mucho tiempo entre los diferentes núcleos anarquistas internacionales, al igual que pudieron existir vínculos similares entre otras corriente ideológicas en el seno de la Internacional. Sin embargo, en los años 1871 y 1872, las disputas entre anarquistas y marxistas se saldaron con muchas calumnias, posiblemente una de ellas era la relacionada con la existencia de la Alianzabakuninista en un ámbito internacional, como organización paralela con el objetivo de dirigir la AIT. Para tal fin se utilizó a menudo, gracias a las confidencias de Lafargue a su suegro (el mismo Marx), la existencia de una Alianza en el seno de la FRE como prueba de la existencia de una organización secreta bakuninista. En lo que Marx falló, o sencillamente ignoró, es que la Alianza creada en 1868 por Bakunin tras el II Congreso de La Liga de la Paz y la Alianza creada oficialmente en 1870 en Barcelona, pese a ser similares en la formas (colectivistas) eran diferentes en varios aspectos. La de 1868 se definía como rama de la AIT, la alianza creada en España, con artículos idénticos pero con otros completamente diferentes, decía lo siguiente: La Alianza de la Democracia Socialista Española estará constituida por miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores y tendrá por objeto la propaganda y el desarrollo de los principios de su programa, el estudio y la práctica de todos los medios propios para alcanzar la emancipación directa de la clase trabajadora (...) La Alianza influirá cuanto pueda en el seno de la Federación obrera local para que no tome una marcha reaccionaria y antirrevolucionaria"(5). Una cosa es afirmar la similitud entre las dos Alianzas y otro bien diferente es afirmar que es la misma. De lo que sí que pudo haber acusado Marx a Bakunin es el haber tenido en su círculo íntimoa diferentes internacionalistas españoles, pertenecientes a la Alianza española. Si de verdad existió o no unaAlianza Internacional como la de 1868 de poco importa, pueden existir indicios y pruebas de la existencia deAlianzas locales, pero pocas o ninguna prueba de una Alianza Internacional, más allá de meras relaciones personales, cosa que, por otro lado, Marx supo cultivar también de una manera bastante, como mínimo, evidente para comparaciones y opiniones véase anexo 1 y anexo 2-.

                Retomando el tema de la fundación oficial de la Alianza en el estado español hemos de situarla en el contexto inmediatamente anterior al I Congreso de la FRE de 1870. Antes del Congreso Obrero, en Barcelona se manifestaban 4 tendencias, tres de ellas con bastante fuerza en el Centro Federal. Una, la societaria, partidaria del trabajo seguro, buen jornal y el pan barato, similar al sindicalismo tradeunionista británico, otra tendencia era la republicano-federal, influenciada por las ideas, entre otros, de Pi i Maragall y Fernando Garrido. Esta tendencia era partidaria de la participación política y de un cierto interclasismo (fusión de clases inspirada por la doctrina fourierista), la anarco-colectivista y, por último, la cooperativista, organizada sólidamente en Catalunya, al menos, desde 1865, destacando personalidades como José Roca y Galés, Antonio Gusart, Ramón Vieta, Pedro Freixa y Ramón Cartaña, favorable a la participación política y al cooperativismo como ideal de lucha.

                Estas tendencias, en especial la cooperativista, empezaron una campaña para intentar reafirmar sus propuestas ante el Congreso. Farga Pellicer y Sentiñón, los cuales mantenían correspondencia con Bakunin y lo habían conocido en persona, ante tal panorama decidieron crear formalmente la Alianza, para de esta forma evitar que la futura FRE optase por principios e ideales contrarios a las tesis colectivistas. En el grupo de Barcelona, construido a finales de abril de 1870, formaban parte Sentiñón, Farga Pellicer, García Viñas, Antonio Pellicer, Gabriel AlbajésF.Albajés, José Pamies y Jaime Balasch, a los que al poco se les sumarían Pedro Gaya, A.Mariné, Juan Sánchez, J.Padró, Miguel Batllé y el francés Charles Alerini. (véase anexo nº2 para su programa y estatutos). En Junio de ese mismo año García Viñas se trasladó a Madrid con el objetivo de formar en dicha ciudad un núcleo de la Alianza, aunque sólo González Morago se adhirió, ya que el resto de la gente consultada creía que si era una organización secreta era peligrosa y que si era pública podría dar lugar a una dualidad. Sin embargo antes del Congreso de 1870 hay constancia de la existencia de grupos de la Alianza también en otras ciudades como Palma de Mallorca, Valencia o Sevilla.

                La historiografía ha dado diferentes visiones sobre la Alianza española, una ha tenido una visión muy negativa sobre la misma, presentándola como un instrumento maléfico a las órdenes de Mijail Bakunin, más o menos en la línea que la presentaba Karl Marx en la época: (...) El movimiento obrero español fue inspirado desde el principio por la A. de la D. S., a la que pertenecieron todos sus elementos directores, incluso aquellos que fueron más tarde el núcleo del partido socialista. En comunicación constante con Bakunin y con las secciones ginebrinas, recibían de allá las pautas a seguir y a veces hasta el texto de los acuerdos que deberían votar los Congresos españoles. Convencidos aquellos hombres de que las masas obreras estaban incapacitadas para comprender y sentir la redentora doctrina, se valían de ellas como instrumentos inconscientes para su actuación. Antes de cada Congreso, los aliancistas se reunían clandestinamente y deliberaban y acordaban punto por punto el programa de la Asamblea, y las resoluciones que habían de adoptarse; y como los delegados pertenecían casi todos a la Alianza, por ser los militantes más inteligentes y resueltos de cada sección o por los amaños que se ponían en juego para lograr el triunfo de sus candidaturas, los no iniciados en ella, desorientados y sin ideas claras de los problemas a debatir, se dejaban llevar por la mayoría, y los acuerdos se adoptaban a casi siempre por unanimidad (6). Por otro lado también existe una visión más benévola con respecto a esta organización, tal y como lo explicaba Anselmo Lorenzo: Si no hubieran estado en Barcelona Viñas, Soriano, Meneses y Ferrán, andaluces y privilegiados todos; si Rafael Farga no hubiera ido al congreso de Basilea donde recibió la sugestión directa de Bakunin, además de inspirarse en las ideas de los fundadores y cooperadores de la Internacional; si no hubieras estado Gaspar Sentiñón que con sus grandes y enciclopédicos conocimientos y su constancia supliera las deficiencias, reemplazara a los perezosos y por su aspecto vulnerable fuera como la personificación de la idea; si, en fin, no se hubieran agrupado los inteligentes, los activos, los buenos en la sección de la Alianza de la Democracia Socialista, y hubiera debido esperarse que las corporaciones obreras por sí mismas, por evolución efectuada por sus propios medios, hubieran entrado en la Internacional, los obreros catalanes no hubieran sido jamás internacionales (...) (7). Seguramente las dos visiones dicen cosas ciertas, sin embargo debemos de entender que la FRE, al igual que los sindicatos obreros, normalmente tienen un funcionamiento interno democrático, y no debemos de olvidar, pese a que los primeros anarquistas veían a la asamblea democrática como la mejor manera de auto-organización, que la Democracia es una fuente de poder y de autoridad. En un clima de asambleas democráticas es habitual que un grupo determinado de gente prepare las asambleas, también es habitual el copamiento de cargos para poder llevar las riendas de la organización, al igual que también es cierto que la mayor parte de los afiliados apenas podían tener tiempo para ejercer responsabilidades dentro de la organización. Por eso es habitual que determinados círculos funcionen dentro de estas asambleas como partidos políticos. Cuando se fundó la Alianza en 1870, no debemos de olvidar que existían otras corrientes, incluso mejor organizadas, tal como la cooperativista, por lo tanto si los anarquistas de entonces no querían que la FRE fuese feudo de las otras tendencias optaron por organizarse como grupo de presión, similar a un partido político, dentro de la AIT. Sencillamente esto fue la Alianza. Por otro lado, y bajo un punto de vista anarquista, toda una bajez moral, sin embargo no debemos de olvidar que ellos aceptaban la democracia directa, por lo tanto, y bajo el punto de vista de la época, no existía ninguna amoralidad en asociarse, en base a la afinidad, en la Alianza para dirigir el rumbo de la AIT. Si sus propuestas fueron las hegemónicas debieron de ser porque entre las existentes fueron las que mejor convencieron a los obreros, otra cosa es afirmar que detrás de este convencimiento existiera un cierto engaño. Por otro lado no debemos de olvidar que la mayor parte de los movimientos socialistas, en especial el marxista y en menor grado el anarquista, solían creer en la teoría de vanguardia revolucionaria. Es decir, pensaban que la sociedad estaba compuesta de una gran masa no politizada que se radicalizaba o se volvía más reaccionaria según la fuerza de la vanguardia revolucionaria o la vanguardia reaccionaria. De esto al mero politicismo sólo había un paso.

                Sin lugar a dudas el rumbo de la FRE era dirigido por la Alianza, pero tampoco debemos de presentarlos como conspiradores o manipuladores convencidos, ni como santos del ideal. Eran personas de su época y pese a ser socialistas (en un sentido amplio), tenían muchas influencias y rémoras de los ideales republicano-federales y democráticos. Incluso, podemos afirmar, que a día de hoy muchos anarquistas, por ejemplo, siguen teniendo estas rémoras, estando más próximos a demócratas radicales que a anarquistas, contrarios a cualquier autoridad. Incluso estudiosos de los movimientos sociales del s. XIX, tales como el profesor de la UAB, Alejandro Andreassi Cieri, afirman que los movimientos sociales socialistas del s. XIX tenían como objetivo una sociedad democrática radical, y parte de razón no le falta, aunque con el avance del siglo, al menos en las ideas anarquistas, se rompen muchos de estos prejuicios y se establecen unos ideales más coherentes y rupturistas. Aunque en el anarcosindicalismo posterior retoma este tipo de funcionamiento democrático, que ocasionó también la aparición de corrientes que se establecieron de manera similar a la Alianza de la Democracia Socialista (el trentismo y el faísmo, por ejemplo).

                La primera gran crisis de la Alianza se inició en el año 72, que incluso la llevó a su disolución pública en el Congreso de Zaragoza, aunque de manera secreta siguió existiendo. Esta crisis se originó a causa de la pugna entre anarquistas y marxistas por el control de la FRE. Al final el control organizativo lo siguió teniendo la Alianza, sin embargo el precio fue bastante caro: escisión en Madrid (Nueva Federación Madrileña) y divisiones dentro de la propia Alianza, ya que muchos de estos marxistas, tales como José Mesa, Pablo Iglesias o Francisco Mora fueron miembros de la Alianza. Durante el año 1872 fue el momento de mayor inestabilidad para la Alianza, ya que el propio Consejo Federal de la FRE estaba en manos marxistas, sin embargo, los principales centros de decisión, tales como el grupo aliancista barcelonés, siempre se mantuvieron fieles a las ideas bakuninistas. Sin embargo las maniobras marxistas fueron bastante contundentes, ya que intentaron anular y exterminar a la Alianza, promoviendo la creación de grupos llamados Los defensores de la AIT, que, en pocas palabras, deberían de ejercer la misma función que la Alianza pero bajo parámetros aún más autoritarios. Y, lo que resultó peor para la Alianza, en Julio de 1872, desde el periódico La Emancipaciónse difundieron todos los nombres de los aliancistas españoles que conocían, dando una gran muestra de bajeza moral, no tanto por hacer públicos esos nombres, más bien por ejercer de confidentes policiales, y todo por el intentar controlar la FRE. Realmente penoso. Resulta curioso que casi todas las acusaciones que Marx, desde su poltrona en el Consejo General de Londres, vomitó contraBakunin, las podría haber asumido tranquilamente como propias, ya que Marx y sus séquito manipularon, no respetaron estatutos, realizaron funciones propias de confidentes policiales, etc.

                Ya en los años de la Restauración borbónica, con la FRE en la clandestinidad, el control organizativo de la Alianza se hizo más patente, ya que las estructuras clandestinas daban mayor poder al Consejo Federal, controlado por miembros de la Alianza. En esos años la táctica a utilizar era el uso de la fuerza y la insurrección, aunque tras el desigual éxito en diferentes zonas gran parte de Andalucía la vio como una táctica organizativa y práctica coherente con el panorama andaluz, especialmente en las zonas latifundistas rurales, sin embargo en la industrializada Catalunya esta táctica no fue del todo bien acogida, siendo más teórica que práctica-, las divisiones en el seno de la Alianza se hicieron visibles. Esto conllevaría a su segunda crisis que la llevó a la desaparición, ya que se produjeron expulsiones dentro de ella (el propio Anselmo Lorenzo) y divergencias tácticas -la Alianza barcelonesa se mostró partidaria en los últimos años de la década de los 80 de tácticas legalistas y sindicales, mientras los grupos del sur en Andalucía siguieron siendo partidarios de la táctica insurreccional-. Por otro lado, la centralización cada vez más fuerte de la FRE, las disputas internas dentro de la Alianza y la propia clandestinidad hicieron que muchos afiliados empezaran a ver de manera bastante desacreditada a la Alianza y la propia FRE. Hay una anécdota conocida en un sindicato de la FRE clandestina que muestra muy bien esta situación. Al parecer se debían de escoger nuevos cargos para el Consejo Federal, como los afiliados no conocían a los candidatos, solían votar el que tuviese un nombre que mejor les sonase. Al parecer en ese sindicato, de Andalucía, al secretario le debió de gustar un nombre catalán, pero al pronunciarlo al resto de los afiliados lo hizo de una manera tan mala que todos estallaron a carcajadas...

                Ante este panorama de decadencia, la FRE y la propia Alianza se disolvieron entre 1880 y 1881. Sin embargo, en 1881, tras la posibilidad de volver a la legalidad, los grupos ex aliancistas favorables a las tácticas legalistas y sindicales participaron activamente en la creación de la nueva FTRE (Federación de Trabajadores de la Región Española), copando muchos de los cargos y puestos de relevancia en la nueva organización. Aunque en aquellos años de la Alianza sólo quedaban viejos contactos y poca cosa más.


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